Llevar a cabo un rebranding puede ser algo costoso y arriesgado, pero en muchas ocasiones es la mejor opción que tenemos. Apostar por un gran cambio, adaptarnos a los nuevos tiempos o al mercado que ahora trabajamos o desvincularnos de ciertos aspectos pueden ser algunos motivos.

Debemos tener en cuenta que modificar la identidad de una empresa debe hacerse siempre con un objetivo claro y, por supuesto, de la mano de profesionales. De no hacerlo, podemos vernos con una imagen peor que la que teníamos anteriormente, y entrar en un ciclo de un rebranding tras otro para encontrar la idea definitiva.

Qué es el rebranding

La definición básica del rebranding es el cambio de marca, que puede ser más sutil o más extremo. Lo normal es que este término haga referencia a este último, que implica una serie de acciones que pueden llevarte a un cambio de nombre, de logotipo, de mensaje principal o de diseños y colores.

La mayoría de las marcas se van actualizando con el paso de los años, aunque, como decimos, un rebranding supone siempre un cambio más pronunciado. Vamos ahora a ver algunos ejemplos de cuándo y por qué debemos plantearnos este proceso. Piensa en lo que esto supone, ya que no solo será un desembolso por el trabajo creativo, sino por los cambios en decoración, materiales, vehículos, digital…

Cuándo debemos hacer un rebranding

Para diferenciarnos de la competencia

Seguro que has visto algunas marcas que son verdaderamente parecidas a otras de su mismo sector, y es que hay algunos mercados donde esto es muy habitual. En estos casos, un rebranding puede ser una gran idea para ser únicos y que los clientes nos puedan recordar mejor.

Trata de encontrar ese valor diferencial que te separa de tus competidores, y refuérzalo con la nueva marca. Piensa siempre en qué es lo que más le interesa a tu público objetivo, y no te preocupes en dejar atrás todo lo que no te interesa de tu anterior imagen de marca.

Para alejarnos de una mala imagen

Tanto acciones puntuales como una mala gestión (o algo que hoy en día se ve como negativo) pueden llevar a una marca a arrastrar esa mala reputación para siempre. Todas las empresas deben afrontar estas crisis y tratar de solventarlas, pero a veces un rebranding es la única opción posible.

Muy comentado fue, por ejemplo, el caso de McDonald’s. Si recuerdas, antes veíamos la M amarilla sobre un fondo rojo, pero ahora descansa sobre uno verde. Parece que la cadena de comida rápida quería dar menos aspectos de ‘comida basura’ e introducir ensaladas y otros alimentos más sanos.

Al perder cuota de mercado

Cuando hay un fuerte descenso en las ventas y en las reacciones de quienes eran nuestro público de referencia, es importante plantear de nuevo las estrategias. En este caso, un rebranding puede ayudar a definir una nueva audiencia o captar un mercado más amplio o más especializado, según lo que nos interese.

Incluyendo otro ejemplo, tenemos a Apple. Antes se conocía como Apple Computers, pero eliminó esa palabra para poder vender otros dispositivos como iPods y iPhones. Además, añadieron el claimThink different’ que les permite explorar casi cualquier idea que se les ocurra.

Por problemas lingüísticos

Hay dos casos separados en este tema, ya que por un lado tenemos la expansión de una marca y su significado fuera de su país. Un término concreto puede ser negativo en otras culturas o idiomas, incluso asociarse a marcas que ya existen, por lo que debemos pensar en un rebranding destinado a ese mercado.

Pero también puede ocurrir que debamos ajustarnos a las exigencias legales. Por ejemplo, para muchos artículos de cosmética o alimentación, las palabras ‘natural’, ‘bio’ o ‘artesano’ solo pueden utilizarse en condiciones muy concretas. La ley nos obligará a cambiar la denominación o a retirar el producto.

Por motivos que no se esperaban

Por supuesto, un rebranding puede ser necesario también cuando un elemento externo tiene una gran influencia en el mundo o, al menos, a nuestro alrededor. Una crisis mundial, una guerra o la bancarrota pueden provocar un cambio radical en el mercado y en la estrategia de nuestra marca.

En este caso también podemos hacer uso del rebranding, para enfocar nuestra organización en un nuevo camino. Es importante sopesar qué ha ocurrido y hacia donde queremos ir para llegar a buen puerto y conectar de nuevo con nuestro público.